viernes, 6 de diciembre de 2019

Schism

I know the pieces fit
'Cause I watched them fall away
Mildewed and smoldering
Fundamental differing
Pure intention juxtaposed
Will set two lovers' souls in motion
Disintegrating as it goes
Testing our communication

The light that fueled our fire then
Has burned a hole between us so
We cannot seem to reach an end
Crippling our communication

I know the pieces fit
'Cause I watched them tumble down
No fault, none to blame
It doesn't mean I don't desire
To point the finger, blame the other
Watch the temple topple over
To bring the pieces back together
Rediscover communication

The poetry that comes from the squaring off between
And the circling is worth it
Finding beauty in the dissonance

There was a time that the pieces fit
But I watched them fall away
Mildewed and smoldering
Strangled by our coveting
I've done the math enough to know
The dangers of our second guessing
Doomed to crumble unless we grow
And strengthen our communication

Cold silence has a tendency to
Atrophy any sense of compassion
Between supposed lovers
Between supposed lovers

I know the pieces fit
I know the pieces fit
I know the pieces fit
I know the pieces fit
I know the pieces fit
I know the pieces fit
I know the pieces fit
I know the pieces fit



jueves, 14 de noviembre de 2019

Mérida a Madrid o Pensamiento Lateral



Desde que reposté al norte de Sevilla llevaba la radio apagada.
Voy a encenderme un cigarrillo.

Ya. Como iba diciendo, la radio apagada. No se, me sentaba como ruido. Iba hacia arriba, mirando a la derecha, hacia el mapa de la tablet, que no es complicado, vía de la plata va hacia arriba y punto, directo a Mérida. Buenos recuerdos tengo de Mérida. Pensaba comprar Cachuela principalmente, y café Barco. Imposible encontrar Cachuela en ningún sitio (ese café tampoco). Cuando empecé a reconocer el Carrefour, la ruta del aparcamiento (con muchos más coches que la última vez), la plaza de párking... Me notaba sensaciones en el pecho, notas como te tiembla un poco todo, la boca te hace gestos, parpadeas... La fachada del edificio, los pasillos, los pollos... Sabía donde estaba todo, donde coger agua, pan, cerveza, el café... Se le acelera el pecho a uno, estando tan cerca, como quien peregrina a Santiago, yo qué se.

***

Al poco de ponerme a conducir, ya sólo, pensaba. Pensaba en lo que siento, en cómo lo siento, en el por qué. Ya te digo, sin radio, sin ruido, algún cigarrillo que me paraba a liar porque estaba demasiado oscuro para hacerlo conduciendo. Y pensaba en eso, en que era eso, en por qué así. Y pensaba también que no ha cambiado lo que siento, que han cambiado actitudes o maneras, formas de decir o hacer, de aproximarse o pensar, pero no de sentir. Pensaba en cosas que pienso o formas de actuar que tengo. El caso es que no decidí, me di cuenta y acepté, que como en la amistad o el cariño se sienten cosas de una manera. Pensé en el amor o como definirlo. Una palabra muy fuerte eso de amor, no se regala, yo no, al menos y en que no sé si alguien la conoce en el mundo verdaderamente. Pensé y reflexioné. ¿Qué significa esto, por qué me siento así, por qué no lo siento de otra manera?
Es una locura, estaré loco. No es que me de igual, me acababan de bajar los pies al suelo, y aún así, no lo sentía distinto, lo sentía igual que entonces, sin esperar nada, aceptando y aceptándome. 
Recuerdo mucho decir eso de la falta de expectativa, pf, es que no tengo expectativas, tengo lo que siento y como ya he dicho lo acepto. Acepto que no espero nada, que no pido nada, que las situaciones ideales de mi cabeza no existen fuera de ella por estar precisamente en mi cabeza aunque sean placenteras de imaginar y saborear. No existen como no existe un polluelo cuando miras un huevo o una flor cuando miras un capullo o un árbol cuando miras una semilla. Pensé en el presente absoluto, en vivir el momento y la ola y agarrarse a esa tabla fuerte. En pararse uno a mirar un paisaje cuando vas paseando por el campo y te parece bonito, en cuando dejas de mirar a carretera para mirar a los lados hasta que escuchas las bandas sonoras de la autopista. 
Llegué a una suerte de conclusión o revelación, preguntándome en lo que esperamos de los demás y lo que tenemos todos. Y sintiendo que no se va, que siento lo que sentía, que puede doler si lo malinterpreto o lo zarandeo. Que por muchas ganas que tengo de ver el árbol crecer, no aprecio menos esa semilla, mirar ese paisaje... Siento que lo que siento me gusta, y es bonito, y tiene valor y debo valorarlo, y que no se marchita, y que me inspira lo mismo. Que no pido ver cascar el huevo, porque el huevo es también precioso, que no pido nada, ni exijo nada, ni espero nada. Que llegué a un punto en el que el ese huevo me parece precioso y lo quiero cuidar, y si he pecado de algo es de querer ver también el polluelo, pero las cosas de la naturaleza tienen su ritmo y si tratas de acelerarlas rompes esa naturaleza. Lo que siento es bonito, porque en serio, no pide nada a cambio, no pone condiciones y está ahí, y no se me olvida aunque a veces pise la banda sonora de la carretera. Que no espera porque no esta ni delante ni detrás, está presente. Que valoro esto que siento porque pensar en esto que siento me gusta y me hace sentir bien, me hace sentir bien saber que no pido nada, que no exije ni demanda, que en realidad no tiene necesidad de demandar, que no entró por costumbre o gusto, que es algo que es genuino de mí, sentir esto es mío, me sale de mí, me sale solo pese a todo. Que no es un recuerdo ni una nostalgia, que es atemporal y sin expectativas, que no vive en tiempos pretéritos o futuros y que no desaparece por estar dormido o pensando en otras cosas. Que no lo calla el silencio y que es genuino y mío aunque se me inspirase de fuera. De alguna manera, no sé, que si veo ese huevo me fascina, que si rompe el cascarón me flipa en mil colores, que si veo al pajarillo crecer y batir las alas me derrite y que si lo veo volar, en la dirección que sea, no deja de enamorarme.
Me gusta esa sensación, me gusta ser consciente de eso.
Me puse música, solo tengo un disco mío en el coche, el Lateralus de Tool. Canté Parabola.

***

Llegué a Madrid, descargué los trastos: algo de ropa; nueva y vieja, algo de comida; la dada y la comprada, y mis trastos típicos de cuando viajo. Subí al piso. No había nadie, pero no me sentía solo aún así.

He llegado bien, ya estoy en casa.

miércoles, 9 de enero de 2019

A veces las palabras no bastan, muchas veces no bastan. Da impotencia, no me gusta no ser capaz de comunicar, de transmitir. Muchas veces estamos obligados a navegar entre incertidumbres y no es cómodo, pero es lo que tiene estar arrojado al mundo. No hay nada seguro aunque lo quisiéramos así. Salirse de la ruta es lo que tiene, nadie te puede guiar ni darte información ni direcciones, y tienes que ser capaz de guiarte tú, y a veces el camino es más fácil y a veces es más difícil. Y a veces no se si me guía mi voluntad, lo que creo que es más fácil o lo que creo que es más apropiado. Si es lo mejor para mí o para todos o para otros. Es más fácil hacerlo cuando no sientes tanto tus acciones. Y siento que tengo mis certezas pero no me bastan. De verdad me gustaría tener las respuestas, pero las tengo que seguir buscando. Ojalá fuesen más accesibles. Un gato debajo de un coche. Palabras que enturbian significados desde que se inventó el lenguaje... Las cambio por una mirada capaz de arrojar más sentido que cien libros. No quiero sacrificar las cosas, las sensaciones que tanto me llenan. No quiero quemar nada ni a nadie. No quiero explicarme porque ni yo estoy seguro de hacerlo y aún así quiero que me entiendan. Quiero ver tierra, sentir tierra. Quiero trascender el lenguaje. Quiero borrar esto y que no enturbie y quiero arriesgarme a que lo haga. Si no meto el pie en el charco no sabré cuan profundo es.

sábado, 8 de diciembre de 2018

Yo que se


No me siento bien.
Mi casa es una ruina, y he quemado los muebles buscando ese calor que manaba de Ella.
Continuamente me viene a la cabeza y siento que me falta algo muy importante. Como un faro en mi pecho buscando con su pequeña luz, y La pienso, y La extraño. Y no han pasado dos días y me parece una eternidad en solitud. Un niño tirándole piedras a una pared.
Quiero que vuelva, pero no se lo puedo pedir. Y pienso que es lo correcto, que Ella se sentirá mejor así, que volverá por su cuenta, quiero que venga por voluntad propia, porque la mía no es el todo.Y no es que sienta que va a volver así a la ligera, todo este tiempo he sentido y he vivido que estaba por voluntad propia. ¿Me he convencido yo solo? No puede ser, no es posible. Había una visión, había un horizonte y la moral era alta. ¿Nos han herido las ramas de los árboles, cuando quizás nos salimos demasiado del camino? Quizás era un bosque demasiado oscuro y desconocido, en algún momento se soltó de mi mano. Quiero talar el bosque entero y verla. Quiero que vuele y me vuelva a ver Ella a mi, con esos ojos. Que me golpean con tanta fuerza , que me miraban a través. Que me hacen dar un respingo en la silla.
Se ha soltado de mi mano, ha querido soltarse de mi mano, y yo no puedo impedirle que busque eso que le parece haber visto. Debe de haber visto algo en el bosque que yo no puedo ver, no se me permite el acceso, que le ha parecido mas seguro o atractivo que la senda que yo le proponía. Ha tomado ese rumbo, pero yo no puedo seguirlo. Tengo que tomar otro para continuar. ¿Pero no querrías volver para hacer el camino con Ella? Claro que si, pero ha decidido tomar otra y no puedes obligarla, pese a que conocíamos las frutas, los picos, algunos caminos, conocíamos los peligros, era un bosque peligroso, pero entramos los dos de la mano, bien fuerte, agarrábamos los dos el uno del otro y nuestros pies aguantaban firmes y seguros, al paso, coordinados, en equilibrio. Sabíamos la dirección, nos nos daba miedo caminar campo a través, lo buscábamos juntos. ¿Que te ha hecho este bosque para que veas ese camino? ¿Que me ha hecho este bosque para que yo no pueda entrar?
Y así me veo, queriendo aún encontrar esa casita que buscábamos pero que no me es posible habitar solo. Ojalá esté en lo cierto y continúes esa ruta, y que al final de esa ruta te topes conmigo esperando en algún punto de la mía que se une con la tuya y vuelva a ser nuestra, y que te alegres de verme, y me mires con esos ojos, y me flojee la boca y te rías, y me cuentes lo que has visto y que haya merecido la pena, o no, y que has encontrado, y yo te contaré que he visto, que he encontrado, y mirarnos y que nos volvamos a agarrar tan fuerte como los dos apretábamos y nos sentíamos.
¿Estoy loco? ¿Estoy tan loco por pensar eso, por querer volver a nuestra ruta?
¿Estoy demasiado loco para este bosque?
Y el niño camina por esas ruinas, y le da patadas a las piedras, y quema maderos y muebles. Y está triste y solo y sucio y hambriento. Y recuerda cosas y se imagina que está jugando con un perro, compartiendo una fruta, escuchando el alegre canto de un pájaro, que se ríen de sus tonterías, que cocina un guiso, que baila con una canción... Pero despierta y el suelo esta frío y todo está en silencio. Y se agarra el pecho porque es el calor que le queda en esa ruina. No me siento bien.

domingo, 25 de febrero de 2018

Más de media vida

2003-25/2/2018

sábado, 2 de diciembre de 2017

Gestión Mental o El Miedo Del Payaso


Caminaba solo por una calle vacía, disimulando su leve cojera. Mirando distraídamente los escaparates por si algún objeto interesante le llamaba la atención. Espejismos, reflejos de otros componen la única compañía en este sitio, ya de sobra conocido. Se pueden ver a cada poco, unos mas sólidos que otros. Cada vez se encontraba menos cosas que de verdad mereciesen la pena, pero no dejaba de buscar. Al final del día, cansado y sin interés alguno en continuar era cuando descansaba, pero a veces daba largos paseos por las afueras. Recorría en algunas ocasiones una ruta conocida, había alguna casa en ruinas, pero lo demás era naturaleza salvaje, la entropía devoraba con su falta de interés lo que se le ponía al paso, si no estaba atento una rama podría tropezar con alguna de las gruesas raíces que serpenteaban por el suelo. 
Allí observaba la espesura sentado en su piedra habitual, rodeado de algún espejismo habitual. Estas siluetas iban y venían como fantasmas, alguna decía algo con más importancia o menos, él escuchaba sólo a veces. No fueron voces ese día, si no un ruido como de sacudir de hojas, al fondo, donde se perdía ese viejo camino. Se incorporó para investigar ese nuevo fenómeno.
Caminó durante un rato, tratando de encontrar el origen. Si permanecía en silencio lo suficiente el sacudir de arbustos y ramas se podía repetir y le daba una nueva pista sobre el origen de lo que quiera que fuese que lo reclamaba. Conocía este bosque un poco, podía reconocer algún árbol concreto, una vieja valla rota hace tiempo, o algún muro de piedra gastado por el tiempo. Ese ruido se le escapaba por más que lo seguía, apartándo su atención del cielo cada vez más oscuro.

Aquí no había camino, pero el ruido se repetía  más a menudo, siempre por delante, inalcanzable. Unas huellas se dejaban intuir entre la penumbra que se cernía ofreciéndole una nueva dirección que no dudó en seguir. Una acacia de tres espinas se agarró a su brazo, haciéndole dar un respingo por el dolor. Mientras se examinaba la herida comenzó a llover. El jersey, ahora rasgado, que lo había mantenido caliente estaba absorbiendo agua. Miró hacia arriba, luna llena. Algo aulló en la noche y le hizo pensar en casa. Quiso volver atrás, tratando de obviar el ruido de ramas que aún escuchaba intermitentemente, pero no reconocía ya este sitio, la lluvia cada vez más espesa hacia difícil ver demasiado lejos, charcos se formaban rápidamente y el brazo le dolía horrores. Siguió hacia adelante, pensando que era ya demasiado tarde para darse la vuelta. Solo, con el jersey cada vez mas pesado y frío, los zapatos empapados y los dientes tiritando, continuó siguiendo ese ruido bajo la luz que la lluvia dejaba dar a la luna. Vió algo con el rabillo del ojo y supo que era eso lo que buscaba. Se giró enseguida que lo notó, dando un traspié por su cojera y cayendo de boca contra el suelo. Se quedó ahí un rato, le ardía la nariz y se la tocó, se miró la mano y lamió algo de sangre. Al levantarse siguió el recorrido de ese extraño animal, para comprobar con disgusto un estrechísimo que pasaba entre bérberos espinosos, posiblemente de los que usan los animales. Se quedó mirando unos minutos los amenazadores arbustos y pensando en las espinas en silencio. La lluvia caía con fuerza, repiqueteando con insistencia. Ese camino lo llamaba. Se volvía más oscuro. Casi podía ver algo moverse milímetros, pero no lo sabia. Se le erizó el pelo de la nuca. Le tembló un poco la pierna. De nuevo ese ruido.



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1.
Es un territorio personal, el recurso de cada uno, no hay dos iguales y solo tú puedes caminar en el tuyo. Te pueden contar cualquier cosa sobre ese sitio, pero no lo conocen. Te pueden advertir sobre las rutas, no hay mapas. Siempre es territorio inexplorado, pero muchos pisaron el suyo. Lo que te contaron puede o no coincidir, pero la expedición, al ser necesaria, podría sacar provecho de algún consejo. Siempre empiezas con lo puesto, pero puedes intentarlo tantas veces como fuerzas te queden.

2.
Caminar por ejemplo por una playa tranquila, todo está a la vista y se puede ver el camino a seguir. A lo lejos hay una colina y encima quizás una fuente de la que beber, quizás la playa da a un bosque frondoso antes de llegar a esa colina. El camino puede volverse más difícil, estar más escondido, ser más angosto, estar plagado de ruidos extraños o incluso desaparecer. Aún así, es inevitable, hay que seguir aquí. El bosque puede ser intimidante, pero los árboles dan frutos de mil sabores, unos más sabrosos que otros. Los animales que se escuchan pueden ser fascinantes o mundanos. Puede que al caminar se descubra un tesoro olvidado. Tener la oportunidad de encontrar un atajo o un camino más largo. Quizás se puede estar convencido de que el agua de la fuente es fresca y deliciosa, luego puede que sepa a hierro.

3.
Aunque sea bello y fructífero, este lugar puede jugar malas pasadas, puede haber minas en el camino, a la vista o enterradas, autóctonas o plantadas por extraños. La fruta puede estar podrida, los ruidos proceder de un animal agresivo y peligroso. Se puede perder algo de lo que se lleva encima o que el camino lleve de golpe a una zarza de espinas que se cobre el paso rasgando tela y carne. La fuente podría estar directamente envenenada. En estos momentos viene bien usar cualquier recurso disponible, conocer los frutos comestibles, las plantas venenosas, recordar alguna ruta...

domingo, 23 de junio de 2013

Son casi las 7 de la mañana cuando empiezo a escribir esto, no he dormido en toda la noche, de hehco he estado viendo películas sobre viajes en el tiempo. Una cosa ha lleagdo a la otra, y como de costumbre cuando me he tumbado en la cama me han vuelto algunas ideas recurrentes.
Este último año he estado pensando sobre muchas cosas, dándole vueltas a muchas ideas, algunas más a menudo que otras. El mundo del concepto, el concepto en sí, su implicación con el lenguaje, esto me ha tenido despierto bastante tiempo, dándole vueltas al cómo del concepto, viendo a la palabra o el lenguaje como una aberración del pensamiento, de la idea o del sentimiento. O sea, cuando pensamos no somos capaces de hacerlo sin palabras, es inevitable, tenemos una vocecilla interior que nos creamos. Al menos en mi caso, no puedo habalr por el resto, la voz que tengo cuando pienso es distitna a la que tengo cuando me escucho hablar en directo, y diferente también de la que me escucho en una grabación. No podemos pensar sin palabras, nos ayudan a expresar lo que pensamos, pero ¿realmente describen con todas las de la ley lo que tratamos de decir o reflejar? ¿Realmente hacen justicia? En este punto trato de acercarme al significado de algunas de ellas, de algunos conceptos que todos conocemos pero que en realidad su significado se nos escapa entre los dedos en forma de palabras. La amistad es un concepto que me fascina, no quiero atreverme a buscarle una razón a esto ahora mismo, seguramente con lo que vaya escribendo será inevitable hacerse una idea aún así. La amistad ¿qué es la amistad?¿Qué implica, qué significa? Requisitos, características. Volvemos a la trampa de las palabras, a categorizar. Decimos mejor amigo cuando queremos decir amigo, y decimos amigo cuando queremos decir gente con la que quedo/me cae bien/lo-que-sea. ¿En qué momento deja de ser amigo un amigo? Nos ponemos a categorizar y medir y nos olvidamos del sentimiento de amistad. Este tio no es amigo tuyo porque no sería capaz de ayudarte, este chaval debe de ser muy amigo tuyo porque siempre estáis juntos, te dejaría dinero, te dice la verdad... Yo veo la amistad como una actitud frente a una persona, y a mi modo de ver esa actitud se basa en una falta de expectativa. Un amigo no va a dejar de serlo por pegarte una puñalada trapera, ni por tratar mejor a otra persona que a tí mismo. Si una persona deja de ser tu amigo, a mi modo de ver, es que no lo ha sido realmente en ningún momento. En lo de la falta de expectativa me gustaría profundizar un poco más, a lo que me refiero es que no esperas nada, no esperas x reacción, x respuesta, no esperas aceptación, negación, apoyo, rechazo, más bien, esa falta de expectativa se basa en una falta de miedo a la expectativa. Podría definir mi visión como una falta de expectativa unida a una confianza total en ella, no se... un "me da igual lo que venga, aquí lo tienes". Pero otra vez, se nos estaría escapando el significado entre palabras. Lo que quiero decir es que tu puedes ser amigo de una persona sin necesidad de conocerla previamente, o pensando que es un gilipollas de campeonato. No es una transacción que bsuca el mejor resultado para las dos partes, un interés mutuo, como ya he dicho no hay expectativa. Esto me lleva a pensar en el amor también, no algo que yo pueda decir que conozca demasiado bien... El amor como una relación que busca reciprocidad, esta ya es más material. Una confianza absoluta y recícproca, una falta de miedo recíproco, el amor busca que se devuelva la pelota. La amistad es siempre desinteresada, el amor quiere algo más, y quizás por eso sea más gratificante. Yo no podría decir que he estado enamorado de la manera convencional, pero como creo en los sentimientos como verdad única y plausible, lo que yo siento es la única verdad que tengo, creo en la legitimidad de los sueños para manifestar estas verdades, y no se me caen los aniillos por reconocer que, al menos en sueños, me he sentido enamorado. Como ya he dicho es un sentimiento, al igual que la amistad, que la felicidad, que lo que se te ocurra. Se puede sentir un segundo o una vida, o de forma intermitente, pero durante los sueños esos sentimientos son tan reales como cuando estas despierto. No tienes menos miedo cuando tienes una pesadilla que cuando estas despierto, pero al despertarte te alivias de que fuese un sueño, pero no ha dejado de ser miedo real, no necesits compararlo o medirlo, ¿a qué viene ese afán de buscar una regla (palabra)? Pues me quedo pensando en estas cosas y luego llego a conclusiones como que los diccionarios están llenos de mierda, y que las definiciones auténticas de lo que cada uno tiene en su cabeza son personales y asumibles. Intenta definir para tí mismo que es la felicidad y luego busca la palabra en el diccionario, y seguro que piensas que el que escribió esa definición no debía de ser una persona muy feliz. Yo mismo acabo de hacer el ejercicio con el diccionario de la RAE:

felicidad.
(Del lat. felicĭtas, -ātis).
1. f. Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien.
2. f. Satisfacción, gusto, contento. Las felicidades del mundo
3. f. Suerte feliz. Viajar con felicidad
  
 La única que diría que se le acerca es la segunda definición, y no define nada, te salta con sinónimos que te llevan a otras palabras.
Las palabras, qué sucia mentira, qué obstáculo inevitable, una puta herramienta que todo el mundo exige. A nadie le gusta el silencio, da miedo, resulta incómodo, cuando el silencio realmente es lo más sincero que puedes encontrar. Y de nuevo, nos perdemos entre palabras.